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Resumen

Menka (cap. I)

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EL DÍA QUE A CARME LE CAMBIÓ LA VIDA empezó como cualquier otro. Se levantó sin necesidad de oír sonar el despertador, se puso el batín celeste y lleno de bolitas y se fue directa al baño. Orinó, como lo hacen las vacas, que parece que tengan mucha prisa o mucho pis. Aunque, antes, refunfuñó “qué fría es la porcelana, madre”. Luego sonrió. Siempre que hacía pis sonreía. Aunque eso sólo lo sabían ella y las baldosas verde pistacho que le quedaban justo en frente. “¡Ay, si las baldosas hablaran!”

 

Nunca se duchaba por la mañana, prefería hacerlo bien entrada la tarde. Se lavó los dientes, después la cara. Usaba el jabón de toda la vida, porque le dejaba el rostro brillante aunque un poco acartonado. Mientras se ponía la crema antiarrugas, ésa que los días de más calor le dejaba pringosa la frente pero que tan bien olía, se miraba de reojo en el espejo. Nunca le había gustado demasiado su nariz, y con los años todavía menos. “Ahí sigue la muy perra, cada día más grande.”

 

Se tomó una taza de leche con unas gotas de café y tres cucharadas de azúcar y una tostada con aceite mientras escuchaba las noticias en la tele. “Uno empieza el día de mala gana, cuando busca la realidad”, pensaba. Pero no cambiaba el canal, porque acababan de decir que por fin habían encontrado el cuerpo sin vida de la pequeña Sabrina, entre unos matorrales, e iban a ofrecer en directo las primeras declaraciones de la familia. Había un detenido, el primo hermano de la cría, soltero, de treinta y ocho años. Luego sí. Cuando la madre de la niña parecía que ya había acabado de responder a las preguntas de unos micros que parecían hienas. Más que nada porque la mujer se había desmayado. “¿Has grabado eso?”. Luego sí se sentía como si ella tuviera algo de culpa, “¿qué necesidad tengo de ver esto?”. Pero no antes.

 

Realidad apestosa aparte, el día que a Carme le cambió la vida bajó por el enclenque ascensor de su edificio a las 8.30 AM. A esa hora solía coincidir con los jovencitos del octavo, esos chicos tan majos pero que no se peinaban ni que les obligaran. Así fue también ese día. Con dos únicas diferencias: no dejaron de reír desde que Carmen dijo “buenos días”, en el sexto, hasta que Carme dijo “adiós”, ya en la planta baja. Por primera vez, salieron antes que ella. De hecho tuvo que esperar a que, entre empujones y cachondeo, se decidieran “de una puñetera vez a salir, que vale ya con tanta bromita”. Tal desbarajuste agotó el tiempo que tarda el ascensor en cerrar de nuevo sus puertas, en el momento exacto en que la mujer ponía de lleno su cara encremada con la actitud de hacer lo propio. El bolso se le cayó al suelo, del porrazo, como también lo hizo su culo. Su perra nariz, rabiando, aguantó el golpe. Porque “que tú no me quieras no significa que yo no sea buena”.    

 

Tardó en reaccionar varios segundos. Acto seguido, todavía aturdida, procedió a reconocerse. El trasero, sólo ligeramente dolorido, gracias al acolchado modelo galletitas y demás bollería de la merendola diaria. El momento delicado, intentar hacer las paces con su nariz previo torpe toqueteo. “Esto no va a ser fácil.” Como cuando intuyes que no eres bien recibido, o no tienes ni idea de cómo acercarte a alguien a quien no has tocado nunca porque “ni falta que me ha hecho”.

 

“Hay qué ver la de tonterías que lleva una en el bolso”. Y cómo no, alguna que otra sorpresa: vivan las sorpresas aunque nos sirvan para cerciorarnos de que estábamos equivocados. “¡Míralo! El dedal de plata de la prima Rafi, con la de veces que me lo pidió y que yo le perjuré que ya se lo había dado… porque mira que llega a ser pesada, aunque sea mi prima… la pobre. ¿Y eso? ¿Eso estaba en mi bolso?”

 

“Eso” era un cigarrillo raro, más fino y mal hecho, no de los que venden en las máquinas de tabaco, que esos salen todos iguales y metidos en su cajita bien puestos… “¡Eso es droga!”. La primera reacción, tirarlo: “¡Fuera, fuera!”, contra el espejo. Lo siguiente fue ver cómo rebotaba y se colaba en un santiamén en el bolso. Como se tira un niño sin miedo a la piscina: con muchas ganas y como si sólo pudiera hacerlo una vez.

 

Ante lo visto y extrañamente excitada, Carme, de manera excepcional, se miró en el espejo, buscando respuestas: “¿tú has visto lo mismo que yo?”. De frente, por cierto, su nariz no era tan grande. “Muy bien, esa cosita se viene conmigo”. Y así fue. A la de tres, se levantó, se atusó el pelo y salió del ascensor. Era martes y en el mercado ya debían estar más que puestas las paradas.   

 

 Girona, 18 de junio de 2009

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19/06/2009 02:21 Autor: Evitalios. #. Tema: Relatos Hay 3 comentarios.

Ángeles, Marwan

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Lo malo es echarte de menos, los labios que nunca mordemos

Lo bueno es saber que en tu ropa interior hay bolsas llenas de caramelos

Lo triste es que vivo en un túnel si no me sujeto a tu ropa

Lo alegre es tu lengua al buscarme que en vez de saliva me trae amapolas

Lo raro es que al irse tu pelo ya no cicatriza la almohada

Normal es que cuando me miras la vida me da seis vueltas de campana

Lo feo es la piel protestando, pidiéndote todas las noches

Lo bello es tu pecho de niña y el vaho abrazado al cristal de tu coche

Lo fácil sería desquererse pero ¿quién rebobina este cuento?

Difícil mirarte a la cara mientras doy pedales contra tu recuerdo

Tu eres un beso sin rumbo y yo un corazón sin respuesta

Los dos nos quedamos sin pulso al rompernos la boca con tanta obediencia

 

Y es que somos dos ángeles con sexo

El tiempo que ahora pierdo haciendo estas canciones

Es el tiempo que te debo

Dos ángeles con sexo, dos miedos paralelos

Mi boca está clavada en el madero de tu cuello

 

Lo malo es que siempre te he dado mucho más de lo que tenía

Lo bueno es que dándote todo supe que te di lo que te merecías

Lo triste es que no hay provisiones si estoy lejos de tus caderas

Lo alegre es tocarte el culo en un bar sin que el resto se haya dado cuenta

Lo raro es que a estas alturas ya quiero follarte hasta el alma

Normal es querer conocer el millón de secretos que esconde tu espalda

Lo feo es no ser insolente como fueron Adán y Eva

Lo bello es que anoche aprendí que el kilómetro cero está entre tus piernas

Lo fácil un charco de babas cada ve que viene tu risa

Difícil será olvidar el nombre de los bares donde tu respiras

Tu eres un beso sin rumbo y yo un corazón sin respuesta

Los dos nos quedamos sin pulso al rompernos la boca con tanta obediencia

 

Y es que somos dos ángeles con sexo

El tiempo que ahora pierdo haciendo estas canciones

Es el tiempo que te debo

Dos ángeles con sexo, dos miedos paralelos

Mi boca está clavada en el madero de tu cuello

 

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28/06/2009 21:50 Autor: Evitalios. #. Tema: Música Hay 1 comentario.


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