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Resumen

La hora del Martini

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ME SUDAN LAS MANOS. Seguro que no sale bien, seguro que no. Llego con tiempo, quedan siete minutos para las ocho. Cómo me pueden sudar tanto las manos. ¿Qué hago cuándo lo vea? ¿Notará que estoy hecha un flan? Qué horror. Ostras, cuánta gente, allí hay una mesa. ¿Me verá cuando llegue? Tendré que estar pendiente, no se vaya a pensar que no estoy o que… “Una tónica, por favor. Sí, sí, con mucho hielo. Gracias.”

 

¿Se puede fumar aquí? Claro que sí, mira que es grande el cenicero. ¿He cogido dinero? Siete, ocho, ocho con cuarenta. Tengo suficiente. ¿Le dejo pagar? No, que cada uno pague lo suyo. O pago yo…, soy una chica independiente… ¿Y eso qué tiene que ver…? Da igual, ocho con cuarenta, juraría que tenía un billete de veinte… Debe de estar por aquí…, tengo que descambiar los zapatos que se me va a pasar la fecha del tiquet… Ah, claro… ¡Cómo va a estar, si me lo gasté antes en el súper!

 

Cuatro minutos para las ocho. No te impacientes, Rita, todavía no es la hora. ¿Dónde habré puesto el brillo de labios? Con lo hippie que es a lo mejor no le gusta… Mejor no me lo pongo. Y porqué no, no voy a empezar cambiando, estaría bueno… Me lo pongo y ya está. ¡Vaya, me he manchado el pantalón!…, juraría que tenía un kleenex… ¡Ahora no me puedo levantar!… La tónica es como la gaseosa, ¿no? No hay nada más inútil que las servilletitas de los bares… Uf, ya está… Con los calores que tengo, esto se me seca en un visto y no visto.

 

Total, ¡sólo hemos quedado para tomar algo! Y quedó bien clarito, ninguno de los dos está preparado para nada serio. Amigos. Y de día. Sin alcohol o demás substancias que nos quiten la vergüenza y los prejuicios y acabemos besándonos y soltando las frases más absurdas, y algunos secretos que serán repudiados al día siguiente. Tímidos, buscando y evitando el primer roce, mirándonos las manos. Casi mejor haberme pedido un Martini. A las ocho una ya puede tomarse un Martini, ¿no?

 

¿Y de qué hablamos? Estoy yo para pensar en eso. Pues de cualquier cosa, mujer, ya saldrán temas, eso no debe preocuparte. Joder, no me queda una maldita uña. De cine, o de ese local nuevo que han abierto en el centro. O de cómo le va el trabajo, creo que dijo que empezaba a estar harto de su trabajo. O de si ya se ha dado cuenta de que soy la mujer de su vida, y que no pienso esperarlo toda la mía.

 

Y no se te ocurra hacerme daño, que yo ya no creía en el amor hasta que me di cuenta de que me moría de ganas de que tú me quisieras. Cuando me abrazaste medio dormido y algo torpe en mi cama, la misma mañana en que pude cerrar los ojos y no pensar en nada. Y que no se te olvide hacerme reír y hablarme de cosas que no sé mientras te escucho y asiento porque te admiraré como una boba.

 

“Tráeme otro Martini, guapo, y llévate lo que está vacío, van a pensar que... y yo soy muy digna.” Las ocho y cincuenta y dos. ¿Se podrá pagar con tarjeta? No veo ningún cacharro de esos… La boba, un palillo, y una aceituna. Sólo falta el capullo. Quizá no se ha dado cuenta. ¿Tendré suficiente con esto?

 

“¿Jordi?… ¿Cómo…? ¿Que has… estado… ahí… todo el rato? Desde las ocho menos diez, ¿dices…?, pues no sabes lo ricas que están las aceitunas…, y el camarero es un amor…¿Adónde vas? Espera hombre, me parece que no tengo suficiente…

¿¡Hola!? ¿¡Se ha ido!? ¿Enfadado? ¡Le importo!... ¡Jordiiii!: ¡Yo también!”

Fragmento del De vuelta, hecho uno para T.

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02/08/2007 02:02 Autor: Evitalios. #. Hay 5 comentarios.

Higiene íntima - Transart 2007

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¿POR QUÉ CUANDO TE HE DICHO QUE IBA A ESCRIBIR SOBRE EL CUARTO DE BAÑO tú te has puesto a reír, y ella ha puesto cara de preocupación? Escribir sobre algo que se esconde tras un pestillo no es tan extraño o ridículo. La mayoría de cosas que realmente pensamos esperan con el culo dormido y frío a que nos decidamos de una vez a abrir la puerta. Esperan ser dichas. O al menos que les digamos que no van a serlo, así se dejarán de esperanzas engordadoras de sueños que acabarán explotándoles en la cara. “Soy tu pesadilla, ¿te importaría dejar de sudar? Se me están calando los huesos.”

 

Cuarto de baño, lugar donde uno se encuentra o se esconde, donde caben los llantos que dan hipo, los roces que necesitamos darnos y escuchar, los próximos cambios de nuestras vidas, los rollos de mentiras, el champú con todos sus idiomas y las cajas de pastillas que sobornan ojos o que prometen hacer olvidar penas. El maquillaje insistente en tapar boquetes, el vaho (y todas las paredes abiertas a la inspiración cursi) y el valeroso pis.

 

La zona más neutral del resto de tu casa, que toma vida en cuanto cierras la puerta tras de ti y te sientes seguro. Ya puedes desnudarte. O empezar a disfrazarte. Dime la verdad o déjate crecer la nariz. Y no olvides tirar de la cadena y lavarte las manos, después de maldecir a alguien, porque no te quiere, o porque olvidó cortar el papel por los puntitos… ¿Quién no quiere a quién?

 

La bañera. Me quito todo lo que me sobra y sólo me lleno de aire y me tapo con agua. El aire lo iré soltando poco a poco, hasta que sienta que me falta un segundo para dejar de respirar. Puede parecer estúpido, pero uno tiene la sensación de que está haciendo algo casi místico. Mis dedos arrugados serán los que me marquen la hora, algo que no me importa, como tampoco lo hará el que me entre agua en los oídos al sumergirme, o que el jabón no dé la espuma deseada por mucho que insista en patalear hasta que me dé un calambre, o que no haya logrado jamás disfrutar haciendo el amor después de que la última vez que lo intentase casi le rompiera la mandíbula a mi acompañante. Sin olvidar que a día de hoy no exista nadie que haya podido fumarse, enterito, un cigarro.

 

Tu momento bañera. Un momento lleno de glamour, con todas las burbujitas que te sugiere esa palabra. El momento del llanto compartido, como lo describió el genio de ideas rotundas y que ha decidido quitarse el albornoz. En el tiempo que tardan en desempañarse las baldosas, y se borren las letras de un nombre, dejará de estar entusiasmado en sumar razones para estar triste cuando, verdaderamente, lo fascinante es sumar razones para todo lo contrario. Estreñidos o sueltos. Lo más limpios posible, tras la necesaria higiene íntima, y sin miedo alguno a ensuciarnos, pronto, de nuevo.

 

El espejo. Es un traidor, porque prometió guardar mis secretos, los mismos que a las pocas o a las muchas horas acabará publicando en mi cara mientras me enjuago la boca. 

 

— Hablas demasiado.

— A mí no me engañas.

— Siempre tienes que decir la última palabra.

— Soy la última palabra.

— Voy a partirte la cara.

— Siete años de mala suerte.

 

Sin un ápice de vergüenza, te mostrará la belleza, la fealdad. Y el tiempo. Allá tú y tus ánimos guerreros o derrotados. Y la lucha. Un tipo que siempre va despeinado y que ha reinventado cómo abrocharse las camisas me dijo una vez: “la indiferencia mata”.

 

Ya, a mí también me resulta sospechoso dejar para el final el tema taza agujereada o váter. ¿Estaré yo también contaGIada de pudor? Puede ser, con tanto bicho suelto… A veces, sólo nosotros somos capaces de apreciar como no se merecen nuestros propios efluvios, sólo porque son nuestros. A veces, nos es imposible retener algo que tiene más prisa por salir de nuestra vida que nosotros audacia porque todo tenga lugar en su momento y espacio oportuno. A veces, por más que insistamos, nos resulta difícil desprendernos de algo que no nos hace felices. A veces, debiéramos aceptar que, lo que sobra, debe salir.  

 

Principios de agosto 2007

08/08/2007 02:04 Autor: Evitalios. #. Hay 1 comentario.

La vida es más compleja de lo que parece (frag.), Jorge Drexler

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                                (…)

Todas las versiones encuentran sitio en mi mesa,

todas mis canciones por una sola certeza. 

No quiero que lleves de mí nada que no te marque.

El tiempo dirá si al final nos valió lo dolido...

                                (…) 

Lo que dolería por siempre, ya se desvanece, 

la vida es más compleja de lo que parece...

 

25/08/2007 07:08 Autor: Evitalios. #. Hay 3 comentarios.

Higiene íntima (y II) - Transart 2007

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Proyecto la película del día en la pantalla del espejo, a la espera de su bendición. Sólo mi triunfo le cerrará la boca a la cosa más subjetiva de mi mundo. Pues tampoco estoy tan mal, me digo aguantando la respiración. ¿Eso de ahí es un grano? Mientras unos y otras buscan arrugas a quienes insultar, yo sigo contando lunares.

 ***

Por más que insista, no puedo expulsarlo de mí. No cuando yo quiero. Y, a menudo, guárdame el secreto, me gusta. Erótica de lo escatológico. Mierda, no hay papel. Lo amontonaré en mi memoria.

 ***

En la bañera, uno puede dejar de pensar. Y sonreír (quizás llorar sin tener que disimular) en un momento en que no sólo la pastilla de jabón nos resbala. Agarrados a la esponja, recorremos nuestros caminos saludando con los dedos a viejos conocidos. Amarse no puede tener contraindicaciones.

***

31 agosto 2007, Girona (y Londres)

31/08/2007 13:07 Autor: Evitalios. #. No hay comentarios. Comentar.


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