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Mensajes

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ABRO LOS OJOS. Mañana fantástica en la ciudad que más me conoce, sol valiente en un febrero que se presenta tan impredecible como su predecesor. “Hoy puede ser un buen día”, plagio, y con esa mentalidad me tomo un soluble aunque prefiero el café. Fuerte. Negro. Amargo que no amargado. Vivan los extremos que no publicitan en la tele pero que nos proporcionan buenos momentos. A lo que iba. Que me pierdo y luego me cuesta tanto encontrarme. El café es como el papel de váter. No se reproduce. Cuando se acaba, tienes que ir a buscar más (es también como la suerte, que tampoco se reproduce ni se contagia. Te toca, o no te toca. Haber estado cerca no es ningún consuelo: casi jode más. Y ser consciente de que le ha tocado a alguien cercano, después de la efusiva felicitación de rigor, sólo te hace sentir un perfecto desgraciado).

 

Perezosa, anoche al acostarme dejé la persiana sin bajar, y lo que anoche me incordiaba hoy es un regalo. Vaya, últimamente recibo muchos regalos. Envueltos en miradas, en roces, en silencios, en risas, en deseos. En olores nuevos y en secretos. La luz me saluda y yo se lo agradezco. “¿Qué hora debe ser?”, le pregunto. “Intuye”, me dice. “Cómo me conoces”, la reprendo, ruborizada, detesto ser un libro abierto hasta cuando nadie me ve.

 

Tras bucear en las profundidades de mi cama amada a pulmón abierto y remolón, rescato el móvil. Entonces lo veo. Un nuevo mensaje. Alguien tiene algo que decirme una mañana de sábado, alguien cuya posible reflexión haya sido: “hoy es día de descanso. Tengo algo que decirle. Aunque mejor no la llamo. A ella le gusta más lo escrito que lo hablado, que no se lo lleva el viento”. Sutil amigo, sutil elección metida en un sobrecito: “eres una buscadora de la verdad”. Me había propuesto no pensar hasta bien entrada la tarde, pero ya se sabe que no todo se rige por lo que nos marcamos. Una gran suerte, por otra parte. Viva la necesidad de improvisar, que nos hace menos bobos.

 

Una hora más tarde, suena, mareado aún, mi teléfono. Sí, sábado por la mañana, ya lo dije. Sonará y sonará, se agolparán las llamadas unas encima de otras, cual orgía de principiantes. En una de ésas, miro por el ventanal inmenso y veo cómo el sol (que es más listo que el hambre y no se está de hostias) hace las maletas, “no me mires así, bonita, me largo a otra postal”. “Volverás”, le atizo. Aunque no lo juzgo: hay un nubarrón cabreado que se está comiendo el cielo. “Éste tampoco debe tener café”, resuelvo, lo más flojito que puedo porque me aterran las tormentas que chillan y lo empapan todo. 

 

Las llamadas procedían de distintos puntos de la geografía estatal. Con diferentes acentos y entonación, hablaban sobre lo mismo, problemas, y convergían todas y cada una en mí. Yo, la recién nombrada “buscadora de la verdad”, ahora quemadora ansiosa de cigarros. “Pero, vamos a ver, ¿a vosotros quién os lo ha dicho?” En éstas, al sol se lo estaba tragando el nubarrón, de hecho sólo quedaban de él algunos flecos de luz cada vez más ridículos y la maleta a medio hacer.  

 

“Para buscar la verdad a menudo hay que bombear varios litros de mentiras”, le digo a la incrédula persiana mientras la ayudo a bajar. Llueve. Con rabia, como reaccionamos nosotros — los que estamos vivos y un día nos dimos cuenta de que el miedo era sólo una excusa—  ante aquellos que se complican la existencia. Cuando deberían buscar nuevos caminos, vidas, suertes. Nuevos errores. A los mismos a los que les deberían escribir mensajes en sus espejos, en sus paredes, en sus cuadros, en sus papeles, en sus cuentaquilómetros, en sus iPhones, en sus cielos: los problemas no son como las tormentas, que la montan gorda pero al final nos dejan tranquilos. Son como las rayas de las carreteras. Por mucho que pintes nuevas encima, siempre se verán las viejas. Y así, es sumamente fácil perderse. En ésas, había vuelto a dar señales de vida el sol, desparramado en melocotones enormes. “¿Me buscabas, bonita?”, proclamó, tan chulito como siempre. “Dame un minuto, ¡el tiempo de subir las persianas!”

 

 

Girona, 7 de febrero de 2009

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07/02/2009 19:17 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 3 comentarios.

Pasa y pisa

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UNO SUELE TENER PENSADAS respuestas para cuando le pregunten algo que considere importante. Para mí, una de esas preguntas es "¿por qué escribes?". Después de la sonrisa nerviosa de rigor (que no deseo perder jamás, viva todo aquello que nos pone nerviosos y provoca que, aunque sea por un momento, temamos perder los papeles), rebusco entre mis respuestas desobedientes para decir, sólo y tanto: "Porque lo necesito, y porque cuando escribo sé que todo puede pararse: el hambre, el frío, el sueño, la angustia, mi tiempo".  

 

Todo aquello primario que a menudo es más fuerte que nosotros me da un respiro que yo lleno de palabras. Palabras mías que dejan de serlo muy pronto, algo que no me importa: las palabras son de aquellos que tengan algo que decir y que les importe un pepino la cara que ponga el que tenga el oído más cerca.

 

Desde niña, tengo palabras deseosas de ser escritas. Por eso también escribo. Guardo un puñado de ellas en cada cosa que veo, espero, busco; en cada cosa que me hipnotiza, me obsesiona, me quita el sueño. O me hace soñar. A menudo tienen tanta prisa como todo lo que pasa y pisa mi mirada. Incansable, mi mirada.

 

Y no escribo para gustarte a ti, aunque brindaré si sé que hablé como tú. Escribo para contar la vida como mis letras la ven. No espero aprobación, ningún golpecito o porrazo en la espalda. Sólo me sirve seguir avanzando, y seguir sintiendo lo mismo cada vez que me pongo a escribir y me pierdo entre mis letras. Para pararme de vez en cuando, agradecida, cuando alguna voz valiente me diga que ese camino mío está un poco torcido, y que haga el favor de revisar el mapa.

 

Porque la prisa nos hace más torpes y al final nos hace más lentos. Y yo, que quiero correr porque me puede lo que me hace sentir, valoro como un tesoro que una voz amable o insolente me agarre de las manos y me diga que siga, que siga, que siga. No podría ser de otra manera, querido amigo. Espero cruzarme contigo en alguno de esos caminos llenos de olas... que habrá que romper.

 

Para Mario, para Jordi, por valientes

Girona, 26 de octubre de 2008

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27/10/2008 02:38 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 4 comentarios.

Tela

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CUANDO QUISO BESARTE, todo se trastocó. Podría imaginármelo: habías elegido viajar al sur por carretera, tú siempre volvías al sur. Allí donde siempre te esperan y de donde siempre volvías con la mochila llena de cosas que nunca pesan. Conducías sin prisa, xino xano como tan bien se dice aquí y que tanto pega ahora que estamos en medio de unos juegos llenos de chinos redondos de oro, plata y bronce. Y de preguntas que cuesta responder sin recurrir a la palabra interés en cada respuesta, y de banderas que sólo son eso, telas. Me quedo, porque siempre hay que quedarse con algo, con el que llega aquí para luchar tras años de no dejar de hacerlo, y se vuelve a casa habiendo ganado o perdido, pero con la grandeza del que estuvo ahí, peleando.   

 

Durante el viaje, ninguna incidencia que consiga borrar tu cara de no-necesito-nada-más-porque-los-generosos-no-dejan-de-obsequiarme. Hasta que pasas por encima de algo. Tanto puede ser una equivocación, un calentón o una confianza. Una vez han pasado tus ruedas por encima de aquello, o detienes el coche, o sigues palante. Yo soy de las de seguir palante, y lo repito si es necesario para que tú no te olvides nunca (porque te prefiero arriba, así te reconoceré mucho antes cuando tenga que buscarte entre tanta gente perdida). Pero no en este caso. Me paro. Y veo la que se ha liado. No fue un despiste, no fue el alcohol, ni fueron las drogas, estaba ahí desde hace tiempo.

 

Tu opción en estos casos es la de trampear el momento con todo el tacto al que puedas engañar, con tu saquito de sonrisas pintadas y con esa transparente ingenuidad tan necesaria para no parecer demasiado lista (ni demasiado tonta). Que a los listos, y sobre todo a las listas, se les mira con desconfianza. Pero, déjame que lo diga porque a estas alturas dudo que se asuste nadie: creemos lo queremos creer.

 

Y tú, que admiras, respetas, escuchas, aprendes, ves como con un solo gesto, al estilo de una cinta de soldaditos americanos que matan sin pensar en el nombre de una tela, todo se trastoca. Joder, ¿también tú? Me quedo, porque siempre hay que quedarse con algo, con las buenas películas. Y con el sur y el xino xano 

 

Girona, 16 de agosto de 2008

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16/08/2008 22:14 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

Tres rositas rojas

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ME GUSTAN LAS PLANTAS, PERO SIGO ODIANDO LOS BICHOS. Insisto en tener plantas y he aprendido a matar bichos. Verdes, pequeños, con un montón de patas y tan insistentes como yo. Mi madre que tanto me quiere y que tan poco me entiende también insiste en regalarme rosales diminutos cada primavera, y ya van tres años. Rosales que no saben de poesía ni menos dónde se meten cuando se vienen conmigo. De hecho, sólo han florecido una vez, porque ya vinieron con sus flores puestas el día en que mi madre me los regaló. Lo han vuelto a hacer, esta semana. En pleno verano mareado y lleno de moscas equivocadas de estación y tan bobas como de costumbre.

 

Me he dado cuenta de que se dicen muchas cosas que son mentira pero, tal vez porque las “necesitamos” como ciertas, las proclamamos verdades. Sin vergüenza. Quizás para no tener que pensar mucho, para estar tranquilos e intranquilizarnos por una cosa menos. (Guárdame otro secreto: me parece que no hemos dado todavía con la finalidad de “pensar”: para mí que habría que hacerlo sólo cuando fuera necesario. Así nos perderíamos menos. Y nos encontraríamos más, que eso sí que es bueno).

 

La distancia que separa las verdades y las mentiras es mucha, como de mi balcón al suelo. Por cierto, tengo que salir más al balcón, se ve todo con otra perspectiva. Más lejos es obvio, menos grande también, pero el hecho de que se vea menos importante es un respiro. Coches de juguete vienen y van, humanitos cruzan por los pasos de cebra o por la esquina que más cerca les pille. Mirando o sin mirar los semáforos, según las prisas, la pereza o las cosas que tengan en mente; la luna engorda o adelgaza según le vaya la noche, y el aire baila según la hora que sea y los humos que lleve encima.  

 

Mis plantas. Después de distintos cambios estratégicos de posición en diversos puntos de la terraza, finalmente han florecido. Conmigo, y con un puñado de calcaítos bichos verdes que resisten agarrados a sus tallos, tres rositas rojas. Preciosas. Un regalo por no tirar la toalla, le digo al soso bloque de al lado, sin bajar la guardia, con la jarra de agua en una mano y el insecticida cargado en la otra. Listo para disparar en cualquier momento.

 

De vez en cuando la vida nos gasta una broma, y nos despertamos sin saber qué pasa…”. Me suena... sí, ya me acuerdo: había que teclear la palabra “calma”, suprimir la palabra “angustia”, subrayar esas palabras de los hermanos que son amigos y de los amigos que son hermanos. Volver a consultar nuestro libro de soluciones, y buscar, buscar, hasta encontrar. Para acabar, cruzar los dedos para no perder la cabeza o más años entre tanto lío y, por supuesto, saltarnos ese trozo de la canción.

 

Al final, por muchas lecturas, revisiones, correcciones y anotaciones que de tus pasitos, pisotones, zancadas y torceduras de tobillo lleven a cabo tus seres queridos o despedidos, sólo de ti depende que tu historia vaya hacia una dirección u otra. (O no vaya, como pasa en la mayoría de historias ancladas en el Mundo de lo No Dicho). Y en eso sí que estamos solos. Es una soledad serena, a través de la que podemos ver, elegir, y ser más fuertes.

 

Y sí, yo también me quedo con un beso que quisiste dar y diste, me quedo con una mano que insistió en coger y no soltar tu mano y, sin decir nada que ensuciara el buen agua del momento, hiciera que te olvidaras de todos los bichos verdes, guardaras el insecticida y durmieras de un tirón toda la noche. Oye, si eso fue una tregua, para ti un manojo de gracias soleadas.

 

Girona, 20 de julio de 2008

 

 

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21/07/2008 01:34 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 1 comentario.

Más

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COMO UNA CHULETA, apuntado en la mano, para no olvidarnos. Ser positivo es una manera de ver que todo sigue, aunque algunas cosas que fueron importantes se rompan delante de nuestras narices; personitas que significaron lo suyo salten de nuestros días, a menudo casi sin despedirse (los que nos quieren no se van nunca: a mil quilómetros o desde el cielo, no se pierden ni una); e ilusiones que nos propusimos materializar se las trague la incomunicación o la falta de puntualidad: porque los momentos de nuestros relojes mareados suelen ser distintos a todo lo demás.

 

Positivizar un mal día significa soltar una carcajada con una viñeta de Lio, disfrutar de una buena compañía o de la paz callada de nuestro escondite después de una jornada de trabajo estresante o cansina o aburrida. O tras soportar a un jefe amargado porque, si bien tiene mucho dinero, a él también se le cae el pelo; o de ver como el sitio que ocupas no es el que imaginaste cuando, después de tanto estudiar, se te caía la cabeza de sueño y acababas aplastando los apuntes de gramática o de historia o de cálculo o de lógica. Con la babilla colgando de tantas esperanzas en el futuro. O aprender algún camino diferente para llegar al mismo sitio, o engordar de gusto con la rica sabiduría de algunas lenguas que no se licenciaron nunca ni falta que les hace.

 

Ser positivo es también rebuscar en nuestra cabeza loca, hueca o desproporcionada razones para entender porqué siempre queremos más, cuando a menudo tenemos tanto.    

 

 

Girona, 24 junio de 2008

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24/06/2008 20:07 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

¡Salud!

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TE MIRAN SIN PIZCA DE MIEDO O ATERRADOS, pero siempre a los ojos, y aguantan la mirada como si de un combate se tratara. Parpadeos, sólo para mojarse los labios. Te dan, ganadores o derrotados, y escuchan tus letras o te acompañan en tus pausas llenas de dudas. Respetan tus locuras y aceptan todas tus diferencias. Se van, pero siempre vuelven cuando los buscas porque te diste cuenta de que sola no ibas a poder comértelo todo. Ahí están: generosos y amables, generosos y a regañadientes. Como si llevaran todo el rato esperándote. A ti, que llevas tanto tiempo corriendo, tropezando, aguantando el equilibrio. Subida a una zapatilla, agarrada al aire o una mano buena, mano de buena gente. Y sumando.

Te entienden o al menos hacen el intento por conocer tu idioma. Buscan contigo la llave que siga abriendo puertas y, lo mejor de todo, encuentran, ganadores o derrotados, unos segundos hermosos que llenarán con unas risas o con un montón de ellas. Y esos abrazos que curan. 

 

Salud, amigos.

 

Girona, 17 de junio de 2008

 

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17/06/2008 22:09 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 2 comentarios.

¿Tu autobús?

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CALOR. EL AUTOBÚS SE RETRASA, o yo no me he enterado todavía de los horarios. Minutos atrás, ha llovido de manera repelente, algo que nos hubiera hecho mosquear, antes, antes de que nos percatáramos de cuán necesaria es el agua. “Qué bien, ¡llueve!”, decimos, intentando no mirar nuestros zapatos chirriando, nuestros tejanos pegados a la piel, nuestras gafas llenas de puntitos, nuestro pelo aplastado. Solidarios con los problemas que azotan el mundo. Un mundo que parece que durante todo este tiempo no ha estado ahí, secándose o inundándose, según el interés del que grite auxilio. “¿Ya llueve en los pantanos, que es donde tiene que llover?”, me dijo ayer un agudo que no aguado amigo, que puntualmente me hace reír una vez por semana, algo que no tiene precio.

 

Tampoco tiene precio darse cuenta de que uno se ha curado. Sí, es todo un acontecimiento, que llega después de poco tiempo o de un siglo. Nos damos cuenta porque uno siente que, extrañamente, está empezando a ver de otra manera lo mismo. Algo que había pasado cien veces con cien personas distintas, y nosotros sin darle más importancia. Hasta hoy. En que notas que has notado algo. Cuidado, “algo” no va bien. Es un momento bellísimo pero a bote pronto (ya me dirás porqué, tú que te las das de valiente) pagarías por haberlo evitado.

 

Ay, evita, si puedes, mientras yo sonrío, y espero que te entre un sofocón, intentes resistir (como si contigo no fuera) el chorro de sensaciones que, felices de tener algo que hacer, se pegan juguetonas a tu boca. De nada servirá que intentes disimular lo indisimulable. Ni encendiendo otro cigarro, ni bebiéndote de un sorbo la copa, ni perdiéndote entre la gente, ni mirando hacia otra parte. O hacia el suelo negro y lleno de pies locos, torpes o sosos. Porque lo que acabas de sentir no tiene sentido.

 

Pura química. Y tú de letras, casi sereno, destilando gotitas de sudor que saben a vida y que quieren aprender a tocar la guitarra. ¿Sabes? Claro que lo sabes: muy dentro de ti y muy escondidito, debajo de todas esas capas encebolladas que yo no sé cómo no te ahogas, tienes ganas de gritar:

— ¡Viva!

— ¿Perdona?

— ¡Por fin llegó mi autobús!

(Quizás tampoco será ése tu autobús, ya te dije que tenías las gafas llenas de puntitos, pero que te quiten las clases de guitarra. Aprender no ocupa lugar. Así que tampoco engorda.)

 

 

Girona, 10 de junio de 2008

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10/06/2008 22:11 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 1 comentario.

Fantasmas

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TRAS EL PRIMER CIGARRO DE LA MAÑANA, ése que sabe a perros y que hace que nos preguntemos porqué no hemos dejado de fumar aún, intento de amoldarme a mi sofá modelo caja de cerillas para ordenar vía palabras escritas un tema que me saca de quicio. Sí, los temas que nos sacan de quicio suelen ser aquellos que nos afectan, es decir, que todavía no nos son indiferentes y por lo tanto no podemos cantarlos victoriosos o desafinados. Los que perfectamente pueden ser utilizados en nuestra contra: estoy escribiendo sobre los fantasmas. 

 

Desde que descubrí el nuevo término de mi diccionario, no he dejado de rebuscar en las conversaciones de los buenos y malos que me rodean y me duchan con las frases de sus vidas con la intención insana de recopilar pruebas. A día de hoy, he constatado que la gran mayoría “vive” con uno o más fantasmas. Y que le molesta una barbaridad admitirlo. 

  

“Fantasma” es aquella persona que perdimos o que no tuvimos pero que, extraoficialmente y porque así lo decidimos, forma parte de nosotros. Es aquel que nos hirió, o que sólo nos hizo felices un poco, o que no nos hizo ni caso. Quizás alguien a quien ni tan siquiera conocemos pero que nos hemos obcecado en mantener en nuestra vida. Más concretamente en nuestra mente, porque en nuestra vida, esa en la que se suda, se llora, se celebra, se comparten ilusiones y se calman penas, la que se puede agarrar, y en la que a menudo no vemos nada… no están. Y como no están, no nos pueden dar la mano cuando nos sentimos perdidos, no nos morderán el cuello cuando tengamos hambre, no nos sonreirán y nos dirán eso tan bonito: “no te preocupes, todo va a salir bien”.

 

No existen, porque no quisieron existir, así que no he llegado a ninguna conclusión con un mínimo sentido por la cual debamos mantenerlos en nómina. Y, cada día que pasa, es un día más que no se presentan a trabajar, por mucho que nosotros insistamos en obviar los días reales que llevan de baja.

— ¿Cuánto hace que no le ves?

— Hará casi un año.

— ¿Un año?

— ¡Todavía no hace un año!

 

Probablemente, ya encontraron otro trabajo, y les va bien o les va mal (a nosotros no nos debería de importar). Y de poco o nada servirá que salgamos a la calle y nos obstinemos en decir que nos persiguen, porque los vemos en el autobús, los leemos en el diario, nos pareció que cruzaban el puente de hierro, o nos topamos con su coche al menos una vez a la semana.

 

La obsesión es una chica lista que sabe más que nuestra perezosa capacidad para, de una vez por todas (e intentando por fin no engañar a los más ingenuos de esta historia, nosotros mismos), seamos capaces de dar carpetazo a temas que no son reales, y despedir sin derecho a finiquito a los que un día no volvieron a trabajar. A los mismos que todavía esperamos, aunque tú no te atrevas a decírmelo, con la mesa repleta de papeles desordenados. Porque, debajo del caos, sobresalen nuevos currículum vítae.

 

 

 

Girona, 7 de mayo de 2008

 

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07/05/2008 15:28 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 3 comentarios.

Aúpa

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A PUNTO ESTABA DE TIRAR un montón de revistas que casi me obligan a dormir en el baño a falta de espacio cuando, como si de una señal se tratara, la bolsa en que las había metido ha decidido convertirse en vestido. Vamos, que se ha roto, porque de blanca ha pasado a lila y yo erre que erre metiendo más papel y ella aguantando el tipo hasta que ha dejado de ser ella. Desparramadas por el suelo, me ha llamado la atención una portada. Serrat sonreía y yo he aprovechado y le he metido mano.

 

Entre reportajes de un mundo que no conozco y recetas de cocina crujientes, perfumes sabor tierra, lánguidas modelos y viriles torsos también crujientes ha aparecido él. Un artículo de un señor cuyo nombre me sonaba como me suena tu cara porque siempre que me ves sonríes pero que hasta hoy no me había parado… a leer.

 

Ese señor que seguro que lleva gafas y come sushi decía que los grandes cambios de nuestras vidas se nos hacen abrumadores, y que por ese motivo uno resuelve no cambiar y se conforma en seguir poniendo carita de pena porque “ay qué ver que mala suerte que tengo”. Bueno, en realidad no lo decía así, pero al contármelo ya lo ha hecho mío. Y ese señor me ha caído bien porque no se ha limitado a exponer un problema y quedarse tan ancho: ha aportado una posible solución. Y se ha ganado el respeto de Incrédula Sociedad Ilimitada. A grandes cambios, pequeños pasitos.

 

De sopetón, no es posible cambiar todo lo que nos ofusca o no nos gusta o nos hace infelices, y quizá ésa es la razón por la cual no actuamos. Pero sí es posible cambiar. Repito, es posible cambiar. Primero una cosa, y luego otra. Simple y efectivo. Sin necesidad de pasar por el quirófano.

 

Entonces, he decidido escribir. El próximo cambio será ordenar mi único armario, encontrar esa carpeta, fumar (algo) menos, dormir un poco más, no olvidarme de felicitar los cumpleaños, reírme de las pesadillas, dejarme dar más besos y abrazos. Dejar de decir tantas mentiras. Y, aúpa la espontaneidad, devolver sonrisas.

 

 

 

Girona, 15 de abril de 2008

 

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15/04/2008 15:21 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 5 comentarios.

Si aceptas jugar

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BIENVENIDOS A LA CAZA. Porque son las cuatro de la mañana, y porque las risas fáciles se han mezclado hace rato con el hielo del vaso, y con las miradas de aquellos que no dudarían en meterte mano sin necesidad de mirarte primero. Tú, con tu pelo marrón, largo, perfecto y estirado, brillo en los labios y perfume caro. Y ese botón presuntamente desabrochado porque es que no dejan de empujarte por todos lados. Tú, intentando sonreír al tiempo aguantar la respiración para aparentar más altura y más pecho, y no pensar qué haces todavía aquí, qué es exactamente lo que esperas y porqué no puede ser éste el lugar adecuado.

 

A menudo, un solo gesto es suficiente, un solo gesto es un beso tardísimo y más parecido a un bocado. Un paseo nervioso y rápido hasta tu cama, y un diálogo o un grito o una búsqueda entre dos cuerpos. Algo que mañana será para ti el tema del día, con todos sus rodeos mentales que acabarán provocándote mareos.

 

Acaso está buscando una ilusión en un chupito negro, con la angustiosa sensación de que va tarde. Me ha parecido que ella se agarra a eso. Quizás, porque después de tantos meses sin salir, ya no se acordaba de que a esas alturas borrosas todo es más fácil de decir y de hacer. Y de negar. Lo que al día siguiente sólo permanecerá en su memoria. No debieras agarrarte a la primera o la última rama, pienso. Aunque, desde la distancia, no muevo un dedo.

 

“No” no tiene nada que ver contigo. Ni tampoco que el que ahora busca tu cuello con ansia mañana no se acuerde de tu cara. Si aceptas jugar, es posible perder. Y es fácil perder cuando pocos (tampoco tú) se atreven a jugar limpio. ¿Los manojos de razones? Se venden por pocos euros. Ella no soy yo pero, para qué voy a engañarme, por ella recuerdo. De lejos, pequeñito e indoloro hoy, aunque pegado a la nevera.

 

Y tú, que valiente has apostado alto, sin embargo y sin remedio, no dejarás de sonreír con un recién estrenado lamparón de color negro. Desaparecerá, pienso, si lo dejas en remojo un tiempo. Aunque, desde la distancia, no muevo un dedo.

 

 

 

Girona, 12 de abril de 2008

 

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12/04/2008 19:41 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 1 comentario.

Hilito

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VENTOLERA. FRÍO. ASÍ NO HAY QUIEN CAMINE. Cuando ya estaba a punto de invertir en acciones de efferelgan, se le ocurre a una genial canción de Bruce Springsteen de la que me gusta todo menos el título entrar por mis oídos, provocando acto seguido el balanceo sin gracia de mi cabezota (“¿pero tú no estabas a punto de explotar hace un segundo? ¿A qué viene ese bailoteo?").

 

Al poco, ha aparecido una ancianita de esas que desmoronan. Sólo de verlas. No tengo ni puñetera idea porqué. Pero, a mí, me superan. Como me supera lo bueno y lo malo del extraño que pasa y ve todos mis sentidos. Ya lo dije, atrae e inquieta. 

  

El viento la trajo hasta mí, igual que arrastra la nieve hacia nuestro lado, para convertirla en el agua que ayudará a que no nos quedemos tan secos. Por cierto, cierra el grifo cuanto te laves los dientes, cuando friegues los platos, cuanto te enjabones…, anda, no me seas vago que nos conocemos. Es que desde que lo sé, ya no me cae tan mal el viento. Además, cuando hace viento, el pelo queda más liso. Y más loco, y eso es divertido. Y lo divertido debería ser una asignatura en los colegios y un objetivo en los trabajos: así no habría tanto gruñón suelto. 

 

Le ha costado lo suyo abrir la puerta, y no me ha mirado cuando ha entrado (toma izquierdazo a mi egocentrismo). Ha ido directa hacia una mesa. No he podido dejar de mirarla. Como una obsesa, ha debido pensar el hombre de mediana edad con cara de haber hecho algo malo que ocupaba la mesa de al lado. Como una obsesa, he pensado yo.

 

Después de sentarse, lentamente, como se hacen las cosas cuando ya no se tiene prisa, me ha pillado mirándola (lenta pero más rápida que yo…, interesante, todavía hay esperanza). Ha empezado a hablarme, sin dejar de enlazar frases y temas aun cuando yo he tenido que ausentarme algún momento. Su conversación, como un hilito, se ha enredado entre mis dedos, y me ha seguido allí donde he tenido que ir, y me ha acompañado cuando he vuelto. 

 

Y Ancianita ha dejado de ser minúscula.

 

Porque ha venido al señor que mira los ojos y que es muy buen hombre y que le ha dicho que hasta de aquí un año no tiene que volver. Que la ve muy bien.

  

Porque que ella se hubiera esperado fuera pero su hija que es profesora y que vive en Llançà porque se casó con un chico de allí le ha dicho que iba a coger frío y que mejor la esperara dentro el tiempo que tardara ella en aparcar el coche gris oscuro que compró en Salt, allí donde venden coches de la marca esa de la que no se acuerda.

 

Porque también había venido su yerno pero con otro coche porque ya se sabe que a veces los hombres hacen cosas que no se entienden. Si todos iban al mismo sitio. Y no sería por el fútbol, porque hoy no había fútbol.

 

Y porque si no llega a tener cita con el médico, a ella no la saca nadie de su casa en Banyoles. La tarde no estaba hoy para ir a ningún sitio. Ya había ido al casal por la mañana, que allí se está calentito y pasa muy buenos ratos.

 

Una pena muy tonta me ha venido de golpe. Y ya me dirás tú a santo de qué, si yo a esa señora charlatana y dulce no la conozco de nada y no te digo a su hija que se ha pasado media hora buscando párquing y al raro de su yerno originario de Llançà. Cuando dejara de hablar y se levantara y se fuera por donde había entrado, ya no la iba a volver a ver. Ni a ella, ni a su hilito. Ay.

  

La mayor parte de la gente conocida y por conocer está deseando contarte algo que probablemente no necesites saber, o ya sepas, o simplemente no te interese, porque crees que no te aportará nada. Aunque, y no pasa a menudo, a veces te topas con alguien a quien desearías conocer más, y no es posible. “Hasta aquí llega mi hilito.” Pues vivan los buenos ratos que nos hacen salir hasta cuando hace viento. 

 

Girona, 11 de marzo de 2008

 

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11/03/2008 04:16 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 2 comentarios.

La pesadilla

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ME HA VENIDO A LA MEMORIA UN DÍA DESPUÉS de que me dijeran en suramericano amable que mi aura era muy bonita. “Que te lo crees tú, para mí que yo ya no soy tan buena.”

  

Hace días que no le veo. Miento: hace meses. Antes, venía cada día. Luego, menos. Me he dado cuenta hoy, ahora, acabadita de despertar de una siesta exagerada. Cuando uno no sabe bien cuánto tiempo ha pasado pero sabe que no hace un año dice “hace meses”. No dice “hace mucho” porque tampoco hace tanto, y el mucho se ve muy lejos, y muy pequeñito.

 

Y ya hace meses, también, que no le escuchaba. Ya no me apetecía darle un tiempo mío que él cogía con ganas, igual que quemaba los cigarros negros. Con ganas. Yo sabía que venía a verme a mí. Y como lo sabía, acabé despreciándolo, supongo. Uno supone cuando no quiere pecar de pedante, pero cuando supone es que está seguro y no sé si es peor pretender ir de modesto. En mi caso, acabé despreciándole cuando noté que no venía a escucharme a mí, sólo a hablar conmigo. 

 

Me pregunto si estará bien. Si habrá soportado estos días cansinos de tanto amor, tanta comunicación, tantos buenos deseos lanzados que, tras bordear su cogote mojado, acabaron pasando de largo. Me pregunto también si habrá recibido el petit four que impediría que lo mandara, literalmente, todo a la mierda. Para mi descanso, una de las últimas veces vi que se había cortado el pelo, que andaba algo más aseado. Me parece (creo que me estoy engañando, porque no estoy segura de haberlo dicho) que piropeé su nuevo peinado.

  

Hoy me he despertado a las dos y media de la madrugada, gracias a una pesadilla. Hacía meses que no me pasaba, porque mi sueño se ha convertido en algo preciado. Caro. Aunque no dudo en pagar lo que sea por tenerlo a mi lado. Pero hoy no sé qué ha fallado. La secuencia ha ido así: cine de gángsters, repetido y lleno de tiros y de orgullo y de ansia y de ego y de palomitas. Saladas, al menos. Y yo preguntándome porqué todavía pierdo mi tiempo así. Cena rápida en el sitio más concurrido de la ciudad y a la vez el más sucio, como Harry, como algunos secretos bañados en chocolate negro. Uno o diez cigarros y, tras abrazo de despedida con lo mejor de la velada, la compañía, paso rápido hasta llegar a mi escondite. Ya a salvo, y notablemente empijamada, oración por un sueño.

 

De repente... o pelín más tarde, la pesadilla, que la muy chulita se había metido por mis orejas (la boca la tenía cerrada y la nariz tapada), me ha mordido los ojos. ¿Perdón? ¿Acabo de atropellar a mi padre con un coche que no tengo y lo he hecho con premeditación y alevosía y algún adjetivo más de esos? ¿Y no sólo una, sino muchas veces? Y todas las veces, él insistía en levantarse, cada vez con menos cara de parecerse a mi padre y más al gángster más malo de la película.

  

— ¿Es que no tienes claro qué pasa? Soy yo, papá, tu hija. Te estoy matando.

 

Con lo que quiero yo a mi padre. Pues toma pesadilla. Pocos segundos más tarde, justo después de que bebiera agua embotellada y me quitara todo lo quitable menos el susto, he oído un fuerte golpe, como si un coche acabara de atropellar a un árbol. Al salir a la terraza, no sin antes ponerme las gafas mágicas, torpe, descalza y tras chutar mi despeinada aloe vera, he visto que un coche acababa de atropellar a un árbol. Justo debajo de mi balcón, desde donde casi todo lo veo. Y lo que no, me lo imagino. Que es lo mismo. Cualquier cosa, por un sueño.

 

 

 

 

 

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03/01/2008 20:24 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

Matadera

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LIBRETA EN MANO, GANAS, Y SIN RASTRO DEL MIEDO. Cerca mía, suena una música que colabora en mi empeño. Pelín más lejos, una rotunda señora habla sola. Tiene razón, sin duda. Me ha pedido un café largo a gritos nada más entrar por la puerta, y un “con dos sacarinas” que ha logrado despeinarme. No, ahí me he pasado: cuando ella llegó, el despeinado estaba ahí.

 

Me ha preguntado cuánto vale el café mientras yo servía un zumo de naranja natural a un chico recién exprimido y con cara de asustado. Que si cinco céntimos arriba o abajo, que si tenía suficiente o no. A la espera de mi pobre respuesta, sobaba las monedas. Tres monedas también asustadas. “Son todas mías, haga el favor de dejar de manosearlas. Y no, nunca tenemos suficiente”, he pensado. “El café cuesta uno con diez”, he dicho, alto y claro (de hecho, quizá demasiado alto y claro. Vaya, es una lástima que no podamos cazar al vuelo algo que hemos dicho una vez lo hemos dicho. Es que ni poniendo cara de bobo arreglamos la impertinencia). Estoy a favor de la eutanasia, del aborto y de que bajen los precios de los pisos. No los metros, los precios. Y de la amabilidad, de la cual soy devota, pero hay días en que una tiene que hacer un esfuerzo. ¿Acaso ser gilipollas y desagradable es más fácil que no serlo? No se podrá quejar Rotunda, casi le he sonreído. O me he reído de ella, vete a saber, allá yo y las mentirijillas que tranquilizan el espíritu. Y también estoy a favor del matrimonio entre homosexuales. Y de enmendar la RAE para incluir “mileurista”. 

 

Algunos minutos después, Rotunda se ha levantado (no sin esfuerzo), y ha dicho: “vale, pues me voy”. Como si no tuviéramos nada más que hablar cuando ¡casi no hemos hablado!, o como yo si le hubiera fallado, o como si ya no me estuviera amiga, o como si no le importara un comino… Se ha ido. Arrastrando los pies, tropezando con una silla, y hablando sola.

 

Uno habla solo por muchos motivos. Por echarnos en cara ideas que pensamos, pero no publicamos vía boca. Pero que están vivas, se mueven, y pellizcan.  

— ¿Y si…? ¿Y si…?

— ¿Desde cuándo eres tartamudo?

— Desde que dudo.

— ¿Qué te pasó la última vez que hablaste de carrerilla?

— Perdí el conocimiento.

 

 

Hay quien aprovecha su acogedora soledad para hablar en voz alta. El recriminarse algo es un momento divertido o cruel, según pese la que cae encima. Y, siempre, una buena manera para darse cuenta de que somos perfectamente conscientes de qué hay, qué pasó, y en qué momento de la historia pegamos el resbalón (aunque luego no sirva de nada porque la lista de resbalones suma cada día. Sin que nos demos cuenta, como lo hace el pelo… O sí: como lo hacen las canas). Como cuando te has chocado con una farola que no habías visto (“¿quién ha sido el iluminado que ha puesto esto aquí?”), y por suerte nadie ha sido testigo del momento. Nadie a excepción de ti. La más implacable de las risas rencorosas, las que todo lo apuntan. Deberíamos de tener un disco duro incrustado en la cabeza (más de un chino seguro que ya lo tiene), para poder así almacenar todo lo que vivimos dentro y fuera de ella. Todo.

Esa necesidad matadera de alguien que seguirá siendo un extraño por más que se acerque a nuestra campanilla o comparta con nosotros el baño. Un desconocido a quien esperamos tener cerca cuando, después de tanto correr, paremos un momento a coger aire... y esté ahí, con la botella de agua fresquita en la mano. El mismo que deberá entender nuestras ofuscaciones en el trabajo, en la cama, en la cola de la carnicería o delante del televisor. Y esté dispuesto a curarnos. Un desconocido que maneja nuestro mundo de luz y de color, y que tiene el poder de convertirlo en una sombra. Matadera necesidad que, fíjate tú, nos hace sentir vivos. Sin importarnos el riesgo de malversación de emociones.  

Girona, 1 de diciembre de 2007

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01/12/2007 18:03 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

Higiene íntima (y II) - Transart 2007

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Proyecto la película del día en la pantalla del espejo, a la espera de su bendición. Sólo mi triunfo le cerrará la boca a la cosa más subjetiva de mi mundo. Pues tampoco estoy tan mal, me digo aguantando la respiración. ¿Eso de ahí es un grano? Mientras unos y otras buscan arrugas a quienes insultar, yo sigo contando lunares.

  

 ***

  

Por más que insista, no puedo expulsarlo de mí. No cuando yo quiero. Y, a menudo, guárdame el secreto, me gusta. Erótica de lo escatológico. Mierda, no hay papel. Lo amontonaré en mi memoria.  

 

 ***

 

En la bañera, uno puede dejar de pensar. Y sonreír (quizás llorar sin tener que disimular) en un momento en que no sólo la pastilla de jabón nos resbala. Agarrados a la esponja, recorremos nuestros caminos saludando con los dedos a viejos conocidos. Amarse no puede tener contraindicaciones.

 

 

 

 

 31 agosto 2007, Girona (y Londres)

 

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31/08/2007 13:07 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

Higiene íntima - Transart 2007

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¿POR QUÉ CUANDO TE HE DICHO QUE IBA A ESCRIBIR SOBRE EL CUARTO DE BAÑO tú te has puesto a reír, y ella ha puesto cara de preocupación? Escribir sobre algo que se esconde tras un pestillo no es tan extraño o ridículo. La mayoría de cosas que realmente pensamos esperan con el culo dormido y frío a que nos decidamos de una vez a abrir la puerta. Esperan ser dichas. O al menos que les digamos que no van a serlo, así se dejarán de esperanzas engordadoras de sueños que acabarán explotándoles en la cara. “Soy tu pesadilla, ¿te importaría dejar de sudar? Se me están calando los huesos.”

 

Cuarto de baño, lugar donde uno se encuentra o se esconde, donde caben los llantos que dan hipo, los roces que necesitamos darnos y escuchar, los próximos cambios de nuestras vidas, los rollos de mentiras, el champú con todos sus idiomas y las cajas de pastillas que sobornan ojos o que prometen hacer olvidar penas. El maquillaje insistente en tapar boquetes, el vaho (y todas las paredes abiertas a la inspiración cursi) y el valeroso pis.

 

La zona más neutral del resto de tu casa, que toma vida en cuanto cierras la puerta tras de ti y te sientes seguro. Ya puedes desnudarte. O empezar a disfrazarte. Dime la verdad o déjate crecer la nariz. Y no olvides tirar de la cadena y lavarte las manos, después de maldecir a alguien, porque no te quiere, o porque olvidó cortar el papel por los puntitos… ¿Quién no quiere a quién?

 

La bañera. Me quito todo lo que me sobra y sólo me lleno de aire y me tapo con agua. El aire lo iré soltando poco a poco, hasta que sienta que me falta un segundo para dejar de respirar. Puede parecer estúpido, pero uno tiene la sensación de que está haciendo algo casi místico. Mis dedos arrugados serán los que me marquen la hora, algo que no me importa, como tampoco lo hará el que me entre agua en los oídos al sumergirme, o que el jabón no dé la espuma deseada por mucho que insista en patalear hasta que me dé un calambre, o que no haya logrado jamás disfrutar haciendo el amor después de que la última vez que lo intentase casi le rompiera la mandíbula a mi acompañante. Sin olvidar que a día de hoy no exista nadie que haya podido fumarse, enterito, un cigarro.

 

Tu momento bañera. Un momento lleno de glamour, con todas las burbujitas que te sugiere esa palabra. El momento del llanto compartido, como lo describió el genio de ideas rotundas y que ha decidido quitarse el albornoz. En el tiempo que tardan en desempañarse las baldosas, y se borren las letras de un nombre, dejará de estar entusiasmado en sumar razones para estar triste cuando, verdaderamente, lo fascinante es sumar razones para todo lo contrario. Estreñidos o sueltos. Lo más limpios posible, tras la necesaria higiene íntima, y sin miedo alguno a ensuciarnos, pronto, de nuevo.

 

El espejo. Es un traidor, porque prometió guardar mis secretos, los mismos que a las pocas o a las muchas horas acabará publicando en mi cara mientras me enjuago la boca. 

 

— Hablas demasiado.

— A mí no me engañas.

— Siempre tienes que decir la última palabra.

— Soy la última palabra.

— Voy a partirte la cara.

— Siete años de mala suerte.

 

Sin un ápice de vergüenza, te mostrará la belleza, la fealdad. Y el tiempo. Allá tú y tus ánimos guerreros o derrotados. Y la lucha. Un tipo que siempre va despeinado y que ha reinventado cómo abrocharse las camisas me dijo una vez: “la indiferencia mata”.

 

Ya, a mí también me resulta sospechoso dejar para el final el tema taza agujereada o váter. ¿Estaré yo también contagiada de pudor? Puede ser, con tanto bicho suelto… A veces, sólo nosotros somos capaces de apreciar como no se merecen nuestros propios efluvios, sólo porque son nuestros. A veces, nos es imposible retener algo que tiene más prisa por salir de nuestra vida que nosotros audacia porque todo tenga lugar en su momento y espacio oportuno. A veces, por más que insistamos, nos resulta difícil desprendernos de algo que no nos hace felices. A veces, debiéramos aceptar que, lo que sobra, debe salir. 

 

Girona, principios de agosto 2007

08/08/2007 02:04 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 1 comentario.

Maldita ranura

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HE VISTO CÓMO BUSCAN. He visto cómo miran, mordiéndose los labios a menudo, a la espera de haber acertado cuando den contigo. Mínimamente. No necesitan más. Te encontrarán, no me preguntes cómo y, una vez ocurra, ya no podrás despegarte de ellos. No te dejarán, tampoco sabrías cómo demonios hacerlo. Y, te parecerá sorprendente, tampoco querrás hacerlo.

 

Capturado.

 

Te dejarás envolver por ellos, y serás absorbido por sus vidas. Lentamente. De manera implacable. Hasta que formen un uno con tu vida. Y ya nada volverá a ser como antes, y no tararees, esto no es el título de ninguna canción. Ya nada volverá a ser exclusivamente tuyo, personal, intransferible. Íntimo. Te contarán, y tú escucharás, porque son tus amigos o porque sólo quisiste ser amable con un desconocido. Y entonces no habrá vuelta a atrás. A partir de ese momento, su vida se meterá contigo en la cama, y protagonizará más de uno de tus sueños.

 

Conocerás a otros como tú. Quizás durante una conversación nimia. Y compartiréis, con extraño orgullo, la misma sensación: la constante necesidad de responder a las preguntas de otras vidas. Con respuestas exigidas, disfrazadas de consejos, que no tendrán nada que ver con vuestras angustias. Buenos guiones que curen gritos en cualquier momento.

 

Y un día te darás cuenta de que desconfías de los silencios, esos que antes endulzaban tu cotidianeidad, porque sabes que algo, que pronto conocerás, está pasando. Y tendrás que pensar, rápido. Dar respuestas. Y no se te perdonará que un día no quieras escribir guiones, no se te perdonará porque todo lo demás será menos importante.

 

Serás consciente de que lo que escribas será bueno para las otras vidas, nunca para ti. Te lo dijeron el primer día. Aquella reacción tuya, descaradamente incrédula, hoy te abofetea en la cara. Tenían razón. No sirve para ti. Nada de lo que sepas escribir, con la certeza del que sabe la verdad, servirá para ser tú más feliz. Maldita ranura que estará ahí, y que se irá tragando tus deseos. Para que no pierdas el tiempo, pensando en ti. ¿Otra vez tarareando? Las canciones son mensajes cifrados pidiendo auxilio, ¿quieres más gritos? No vuelvas a hacerlo.

 

Hasta el día en que ya no te mortifique.

 

Escribir para otros vidas mejores es un trabajo como cualquier otro. Apreciarás tus nuevas aficiones: guardar grandes, qué digo grandes, asombrosos secretos, desenmascarar el significado de reacciones o de silencios, razonar, y convencer. Aprender, para llenar barriles de respuestas, para ampliar el campo de los aciertos.

 

Tu libro de cabecera, las vidas que crucen por tu camino. Y, si realmente eres bueno, un día te encontrarás casualmente con el dolor, ése al que todos temen, pero tú no tendrás miedo. Sí, es curioso, pasará de largo, sin inmutarle tu presencia, porque no es a ti a quien busca. Entonces sonreirás, como un estúpido, con la tranquilidad del que no siente nada. “Qué suerte la mía”, pensarás, y seguirás escribiendo.

 

02/02/2007 12:27 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 4 comentarios.

Sin contar las cucarachas

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PERFECTO DÍA HOY. La temperatura ha bajado en cuestión de horas lo suficiente para que el otoño se presentara de repente, con un bofetón en la mochila. Vengo a merendar, me ha dicho, traigo tequila en la cantimplora. Mis labios cortados ya me quisieron avisar hace un par de días, pero yo, ilusa siempre, ni caso. También se ha pasado por aquí la lluvia, tan maleducada en esta época, que me ha recordado que estoy baja de ánimos. Gracias, no era necesario, no entiendo cómo se empeñan algunos en repetir cien veces las cosas que a uno no gustan, y que de sobras conoce. Y permite, aunque no sepa decir por qué ni quiera convencer a nadie de que lo sabe. Tienes mala cara, ese chico no hace para ti, no te preocupes, ya encontrarás novio, qué culo tan raro te hacen esos pantalones, y... si dejas el trabajo, ¿de qué vivirás?... Sí, ya lo sé, ya lo sé. Admiro la capacidad de dar de los que aman. Cuando yo sólo quiero que me dejen en paz.

 

El otoño se entremezcla con los cambios que me están tapando, y que tanto pesan. Como el edredón  que no sabes bien cuándo poner. Y que en esta ocasión se ha puesto solito. Las personas cada vez importamos menos. 

 

La ventana por la que miro se ha propuesto enseñarme poco. Antes, descubrir la catedral, a lo lejos, me hacía sentir orgullosa, no me preguntes porqué, las cosas más tontas producen en la gente como yo sentimientos dispares. La catedral de la ciudad que me acoge, y que tan poco quise, orgullo; mi madre, que sólo habla para reñirme, ternura; mi sobrina de pocos meses, que ya me sonríe, miedo; yo misma, cansancio cuando no locura. Ahora pisos que aparecen más rápido que una arruga me obligan a mirar ladrillos sin gracia. Con la poca poesía que encuentro en un ladrillo, o en un millón de ellos, por muy bien colocaditos que los hayan puesto a todos. Muchas gracias, señor constructor, que un día me prometiste el cielo y hoy me ofreces obra vista.   

 

— Oye, cariño, eso que estás haciendo que te dé dinero, porque si es para perder el tiempo... para perder el tiempo ya estoy yo...

— Hay palabras que se dicen, sí, pero que no son necesarias.

— Sí, ya, pero que te dé dinero...  

 

Dinero. Nunca algo tan repugnante gustó tanto. Sin contar las cucarachas, claro.  

 

Girona, 12 de octubre de 2004  

10/07/2006 11:35 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos No hay comentarios. Comentar.

Ya soy ama

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TARDÉ MUCHO en volverme a sentar y escribir, escribir para mí. Para otros no dejé de hacerlo nunca. Me había acomodado en esa tranquilidad engañosa que me aturdía y evitaba que pensara en cosas que de verdad me importaban. Y me asustaban. El otro día volví a acordarme de él. Mientras resuelvo mi presente con bofetadas sordas y trapos de cocina, parece mentira que mi cabeza insista en devolverlo a mí, ahora. Ya casi era de otra época, de otro color, aunque no me costó pasearme con él entre días que creí haber guardado para siempre bajo llave en un baúl. O mejor debajo de una losa grande y gorda, que yo nunca he tenido un baúl. Cuando mi vida se dirigía hacia otra dirección. 

 

Me voy a hacer un collar de facturas para que me veas bien guapa, y me colocaré el estropajo de reloj para no perder tiempo. No olvides quitar el polvo a todo lo que se preste y plánchame la boca con tu lengua ahora, en casa, que no nos ve nadie, aunque nos oiga el vecino. Y nosotros al crío del vecino, cuando se queda sin papel en el baño, cuanto zurra a la hermana o cuando, a menudo, saca de quicio a la madre. Y además tira piedras a nuestro gato, y bolis, y pelotas, a saber cuántas pelotas le deben quedar al niño ese. En este lugar que es raro y es nuestro y del banco y se llama hogar pero aún no conozco, ni acabo de sentir como mío.  Prepárate porque cuando llegues hoy me verás diferente. Me habré perfumado toda y te volverás loco de amor por mí, y yo me reiré durante horas y la noche pasará así, con risas y alcohol que huele a limpio y mañana despertarás abrazado a mi vientre y yo con una sonrisa dormida y pegajosa.

 

Y mañana comeremos lentejas. Ya me he apuntado la receta para no olvidarme de los ajos, el pimiento y la cebolla... Te vas a poner contento y gordo cuando me veas de ama, de casa, claro, rodeada de tantas ollas. Tranquilo hombre... que ya fregaré yo luego y lo dejaré todo recogido. Que después dices que soy muy lenta y que todo lo ensucio para un plato de nada. Con la ilusión que le pongo. Es que me meto en la cocina y me gusta hacer las cosas tranquila y se me pasa el tiempo, y a ti te viene el hambre, y el genio, ay, qué gruñón eres, y entonces vienes y me asustas. Y yo grito como loca y no se me entiende nada. Y tú te ríes porque te gusta meterte conmigo y yo parezco una loba. Lárgate de la cocina o te meto en la olla. Idiota, yo aquí como una tonta y tú... es que... tú ya no me quieres. No pienso darte un beso! ...vete..., anda, no prometas nada que siempre te puede el sueño... es que me tienes abandonada... ¡Leche! ¡Que se me pegan las lentejas!

 

Girona, 4 de abril de 2003

10/07/2006 11:32 Autor: Evitalios. #. Tema: Artículos Hay 1 comentario.


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